jueves, 21 de agosto de 2008

Me propongo ser felizzz

¿Me propongo ser feliz?

La felicidad no es una meta; es un estado de satisfacción. No puede ir al plan de trabajo, ni alcanzarse por imposiciones. No es feliz el que más tenga, sino el que disfrute lo que posee, aunque siempre sea inconmensurablemente menos que los demás.
Para ser feliz no basta tener dinero. Ni otras riquezas. No son necesarios un auto y una buena casa. La muestra es que el pobre cifra sus esperanzas de ser feliz para cuando tenga dinero, pero ¿y el rico que lo tiene, pero no es feliz, cómo lo resolverá?
La salud sí es necesaria, y ese es el punto de partida hacia la felicidad; la deben acompañar un respeto hacia los ajeno y a uno mismo, una permanente sonrisa y el espíritu solidario sincero, no el aparente.
La felicidad no se encuentra en los lugares a donde vamos: siempre la llevamos dentro. Quiere decir que puede estar en el desierto o en las grandes ciudades; en el barrio pobre o en la cima de la montaña; a orillas del mar o en la selva agreste.
Por eso debemos pensar que hoy será siempre el día más bello; que lo más fácil en la vida es equivocarse y que nuestro mayor obstáculo es el miedo. No debemos olvidar que el peor de todos los males es el egoísmo y que la distracción mayor es el trabajo.
Para ser felices debemos tener presente ser útiles a los demás, relegar el mal humor y repletarnos de optimismo para obtener la necesaria paz interior. El problema está en que si no sacamos al mentiroso que como humanos podemos llevar dentro y extirpamos el rencor, difícilmente alcanzaremos a ser felices.
Y cuando afirmo esto último es porque la convivencia me ha demostrado que estamos rodeados de un mar de ellos, que tienen una extraordinaria capacidad para el engaño y viven con las citas de clásicos en los labios, cuando apenas conocen las obras.
En los estudios se considera que la forma más rápida de llegar es la recta y en la vida la vía expedita es el camino correcto, porque a ambos lados vamos sembrando amor, tranquilidad, confianza, esperanzas. A la par que vamos desbrozando los marabuzales de la incompetencia. La meditación es necesaria, no se puede ir por la vida arremetiendo contra todos y viendo manchas negras en los soles que nos rodean, criticando lo que no nos resulta conveniente y mientras, no aportamos a las soluciones que es lo más saludable. No se trata de frases hechas ni palabras huecas, si las razonamos y más que eso, si profundizamos en su contenido en la práctica diaria, veremos que la felicidad puede ir junto a nosotros si nos lo proponemos.
Es necesario despertar al Pequeño Príncipe / o al Princesa que llevamos adentro que llevamos dentro, sí el mismo que está en el libro de cuentos, y que nos aporta más enseñanzas que los años vividos, porque es la sabiduría acumulada de la sociedad.
La felicidad no es tratar de alcanzar a cualquier precio lo que nos falta, sino de disfrutar con intensidad lo que tenemos.
Recién encontré un pensamiento, no sé de quien es, que merece cerrar este trabajo:
“Una persona feliz no es alguien que se halla en una determinada serie de circunstancias, sino mas bien alguien que adopta una determinada serie de actitudes”.

Eso que llaman amor

Eso que llaman Amor

Todos creen conocerlo.

Pero muchos quizás solamente lo han probado...

y es algo muy complejo.

Puede ser profundo o superficial.
El Amor tiene la grandeza del Cielo.

La inmensidad del mar.

La lejanía del infinito.

La prodigalidad de la tierra.

El Amor tiene el fulgor del sol.

La tibieza de la luna.

El parpadear de la estrella.

El Amor tiene el susurro del viento.

La caricia de la brisa.

El cantar de la fuente.

El Amor tiene el verdor de los montes.

El enigma de la caracola.

El aroma de la flor.

El Amor tiene el ardor del fuego.

El titiritar del frío.

La fugacidad del relámpago.

El Amor tiene el vuelo de los pájaros.

El estancamiento del agua.

La atracción del imán.

El rechazo de la indiferencia.

El Amor tiene el crecimiento de la semilla o su desecación.

El encanto de la sonrisa.

El temblar de las lágrimas.

El Amor tiene la armonía de la música.

La rima de los versos.

El Amor tiene la luz del día.

El misterio de la noche.

La quietud del lago.

La furia del mar embravecido.

El Amor tiene ese encanto.

El calor del verano.

El florecer de la primavera.

La nostalgia del otoño.

La frialdad del invierno.

El Amor, como el tiempo,

pasa... como la marea,

sube y baja...como la ola,

viene y va... como las nubes,

cambia de forma...

como la flor, se marchita...

como la llama, se extingue...

Como a Dios, a veces lo encuentras...

y a veces lo pierdes.

Como a Dios, tienes que darle toda tu fe.

El Amor tiene mucho de Dios.

Mucho de la Naturaleza.

Pero tiene más del ser humano que lo engendra.

Y como éste, es mortal, perecedero.

Sólo Dios es eterno,

pero así mismo Dios es Amor.

¿Conoces acaso eso que llaman amor?

Aprender


APRENDER.

Después de un tiempo,

uno aprende la sutil diferencia,

entre sostener una mano

y encadenar un alma,

y uno aprende...


Que el amor no significa recostarse

y una compañía no significa seguridad

y uno empieza a aprender...


Que los besos no son contratos

y los regalos no son promesas

y uno empieza a aceptar sus derrotas,

con la cabeza alta y los ojos abiertos

y uno aprende a construir

todos sus caminos en el hoy,

porque el terreno de mañana,

es demasiado inseguro para planes...


Y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo

uno aprende que si es demasiado,

hasta el calorcito del sol quema.


Así que uno planta su propio

jardín y decora su propia alma,

en lugar de esperar a que alguien

le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,

que uno es fuerte,

que uno realmente vale,

y uno aprende y aprende...

y con cada adiós, uno aprende...

Quizás a morir, pero se aprende...